Desde que en 1992 se hizo obligatorio el pago quinquenal, sobre cuya legalidad y lógica ya se ha hablado mucho en Radio-Noticias en su momento, los aficionados a la radio se encontraron con una nueva condición, la de abonar la tasa para mantener viva su licencia.
En el caso de la banda ciudadana, esa obligación conlleva dos particularidades, una es que es comparativamente mucho más cara que para un aficionado con licencia al disponer sólo de 40 frecuencias; la otra es que el importe de la misma puede llegar a superar el valor del propio equipo que se utiliza.
Por ambas razones, y también por una cierta dosis de "rebeldía" a la hora de aceptar la normativa, las voces de protesta se sucedieron alentadas por una alarmante desinformación que llevó a que escucháramos y leyéramos comentarios completamente fuera de rumbo. La tasa, mal llamada canon (esa fue su primera configuración), es vista a ojos del ciudadano como un impuesto, aunque técnicamente no son lo mismo, por lo tanto, algo que en principio repele, y su obligatoriedad, sobre la que pueden admitirse todo tipo de opiniones, está establecida por ley.
No vamos a entrar ahora en el análisis de su oportunidad pues ya he comentado que en esta revista se ha informado razonada y suficientemente sobre ello, pero sí incidiremos en que el crecimiento del número de usuarios en banda ciudadana ha quedado comprometido por su existencia.
El hecho de que el precio de la licencia pueda superior al del equipo, o simplemente que después de que se compra la emisora haya que volver a pagar por otro concepto, supone que muchos padres se piensen el comprar un equipo de CB a sus hijos, algo que cualquier comerciante sabe. Por otra parte, la inmensa mayoría de aficionados se mostraron díscolos ante la obligación de pagar la tasa.
Sin embargo, hay pequeños grupos o aficionados a título individual que promocionan la idea de que se mantenga el pago obligatorio.
Tal actitud se deduce de algunas cartas recibidas en la revista y en consultas que nos han efectuado en charlas que dimos sobre estos temas. Se trata de una simple opinión minoritaria, como lo prueba no sólo nuestra experiencia de muchos años sino también el resultado de la encuesta colgada en nuestra web (que fue en la que más participación hubo), en la que un 81,81% de los visitantes se mostraron partidarios de la eliminación de la tasa en la banda ciudadana.
El deseo del mantenimiento de la tasa es algo esperpéntico. No conozco ningún grupo social ni individuo, ni en éste ni en otro país, que quiera que se le mantenga un pago obligatorio cuando la Administración decide retirarlo sin afectar al servicio. Sólo habría que decir que quien quiera seguir pagando que lo haga a título particular. Es una honrosa y caballeresca actitud que todos agradeceremos.
Pero racionalmente no es así: cuando se suprime una carga económica manteniéndose la aportación de la Administración es bien recibida ... por la mayoría.
No hay que perder de vista los programas electorales de los partidos políticos: rebaja en los impuestos y mayor calidad de vida, aunque en la práctica no siempre la teoría pueda aplicarse. Pero esa es la línea lógica. Después de tantos años pidiendo la supresión de la tasa, que ahora se quiera mantener su pago suena un poco a chirigota. No sé qué pensarían en el Ministerio ante esa solicitud.
¿En qué se basan quienes se siguen en sus trece de pagar? Parece que en el razonamiento de que mientras sea obligatorio el abono de la tasa habrá una CB más civilizada y se evitará que entren disturbadores y que se masifique la banda, razonamiento que no se mantiene en pie (es realmente una perogrullada) y que sería propio de quien desconozca no sólo la CB sino también la sociedad en general.
No tiene nada que ver que haya que pagar la tasa con que haya personas menos cívicas; en CB las habrá como en los demás aspectos de la vida. Generalmente hay gente muy buena pero los que flojean en su comportamiento son los que más ruido hacen y, por lo tanto, los que más llaman la atención. Por otra parte, cualquiera puede interferir, por ejemplo, en una banda de decamétricas sin tener siquiera licencia de aficionado. Por ello, pago obligatorio y buen ambiente en la radio son independientes.
En cuanto a lo de la masificación, espero que no se pretenda hacer pensar que la radio de aficionado y en concreto la CB debe ser un medio de ocio para cierta elite, una clase tan distinguida que sólo pueden acceder a ella los que pagan una tasa. Por lo absurdo del planteamiento no hay más comentarios.
Se nos ha preguntado también nuestra opinión sobre si debería haber licencia de CB o no. Desde el punto de vista jurídico es conveniente que la haya debido a que el cebeísta no está acogido (injustamente) por la Ley de Antenas, por lo que la posesión de una licencia, es decir, de una autorización administrativa para emitir, puede ser muy importante a la hora de hacer valer en el ámbito judicial su derecho a instalar una antena. En este aspecto la licencia puede llegar a ser fundamental.
Al margen de ese contexto, el planteamiento no es si debe haber o no licencia sino cómo debe atribuirse. En vez de concederse a quien sea propietario de un transmisor homologado debería darse a cualquier persona que la solicitase, tuviese o no emisora, de forma que pudiese operar con un equipo prestado (quedando por supuesto obligado al pago de la tasa si ésta se mantuviese). Se conseguiría que hubiese más practicantes, que las personas (sobre todo jóvenes) con menos recursos accedieran a un medio tan divertido como es la radio y que se erradicara la piratería. En este caso la licencia significa más derechos y una oportunidad para legalizar una situación irregular.
Pero si al cebeísta no se le va a amparar con la Ley de Antenas, la licencia no tiene ningún sentido ni utilidad (salvo la comentada anteriormente de la vía judicial). Sólo si a través de ella se defendiera el derecho a instalar una antena y se pudiesen utilizar equipos cuya titularidad fuese de otro, sólo así sería defendible.